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La Astrología y el sexo I
Gema Matías de Torbay
Febrero de 2004

Según la Cabalá, "el deseo es la esencia central del ser humano y no hay vehículo o conducto más profundo, potente, o potencialmente más espiritual para la expresión de nuestro deseo que el sexo".

El sexo no es un acto físico aislado y el objetivo del mismo varía para cada persona y en cada una de las distintas fases de su evolución. El sexo físico es una combinación de nuestra conciencia con la de otra persona; es una búsqueda de trascender la dualidad para retornar a la Unidad acoplando los principios femenino (yin) y masculino (yang) dentro de uno mismo.

En la práctica astrológica siempre se ha asociado a la energía sexual con los planetas Marte, Venus, Urano, Plutón y a la Casa VIII. La sexualidad de cada individuo es algo mas complejo que esos planetas aislados, la totalidad de la carta natal representa la forma de desempeñarnos sexualmente y de vivir esas experiencias.

Dentro de las variables astrológicas (planetas, signos, aspectos y casas) vamos a encontrar la dinámica de la energía sexual de cada individuo. Veamos desde los planetas:

La Luna nutre de emoción cuando se alcanza el hogar que hay dentro de uno mismo, conserva los recuerdos de la experiencia sexual, nos alimenta con ellos y produce el orgasmo emocional. Es la que produce mayor satisfacción interna.

Mercurio nos comunica, lleva los pensamientos sexuales, y cuando entendemos que nuestra pareja nos comprende completamente, se produce el orgasmo mental.

Venus nos llena de placer y sensualidad, provee de afecto y ternura para relacionarse íntimamente con alguien. La experiencia sexual sin amor resulta menos satisfactoria ya que no establece vínculos entre la pareja.

Marte suministra la pasión e inicia la acción física, el rol de dominancia, el orgasmo físico.

Por su parte, los planetas sociales (Saturno y Júpiter) nos aportan las reglas del juego cultural y nuestro rol dentro de la sociedad para personalizar la realización en el acto sexual.

Júpiter representa la libertad que nos conduce a la experiencia, la expansión de la corriente, la recompensa del esfuerzo iniciado por Marte y el desarrollo de la conciencia.

Saturno es el muro sexual en el que encontramos la represión a la energía, los modelos de comportamiento sexual, el miedo al rechazo o la sabiduría de la experiencia en la consecución de la meta, el acto sexual.

Urano nos aporta el campo magnético que vivifica y electriza, es la fuerza que nos hace atrayentes para conquistar parejas sexuales. Nos dispensa intensidad y es la excitación nerviosa.

Neptuno visualiza la energía sexual, crea la fantasía, la ilusión, los sueños eróticos y canaliza la energía primaria de Plutón hacia la imaginación creativa.

Plutón representa los impulsos sexuales que provienen del inconsciente, la corriente sexual en bruto.

El flujo energético de la función sexual se realiza desde los planetas exteriores (Plutón, Urano y Neptuno), los sociales (Júpiter y Saturno) hacia los interiores (Marte, Venus, Mercurio, la Luna).

El Sol por ser nuestra esencia, se alcanza cuando hemos logrado el orgasmo completo al atravesar la energía de todos los planetas y estas son canalizadas hacia el punto central de nuestro ser.

Los aspectos entre planetas nos dan las cualidades de cómo funciona la actividad sexual y la manera de integrar esas experiencias.

"El sexo puede conducir a la iluminación si alcanzamos a reconocer su verdadero significado". Martín Schulman.


La Astrología y el sexo II
Gema Matías de Torbay
Febrero 2004

Las doce casas astrológicas representan las prácticas en el campo sexual para lograr una identidad completa. Hay que observar las casas desde sus polaridades, los signos, los planetas y los aspectos que presenten.

La primera casa nos muestra la apariencia física por lo tanto es la visión del propio atractivo sexual. El ego busca la expresión personal a través de su percepción de la realidad subjetiva.

En la segunda casa encontramos los valores personales y representa lo que uno da y recibe de su pareja, según su propia escala de valores. Aquí se aprende a saber cual es el valor que tenemos para los demás.

La integración con otros y del medio ambiente en las relaciones se ve en la tercera casa, también el aprendizaje y muestra el modo de comprender los significados connotativos. Le corresponde la comunicación, expresamos con palabras nuestros deseos, sentimientos y anhelos. Esta casa rige los cinco sentidos físicos, vista, oído, olfato, gusto y tacto, que desempeñan un papel importante en el acto sexual.

Nuestros cimientos corresponden a la cuarta casa, sobre lo que basamos nuestras idiosincrasias y nuestra seguridad emocional, nuestros modelos se formaron a partir de las enseñanzas paterno-maternas, las pautas del comportamiento sexual están enraizadas aquí ya que representan la seguridad emocional que necesitamos. Muestra las dependencias.

La quinta casa esta asociada a las aventuras amorosas y describe lo que una persona intenta lograr por mediación de sus encuentros sexuales. Aquí se encuentran los ideales del amor que permiten el esfuerzo creativo para construir la propia realidad.

La sexta casa nos permite la comprensión mental de las cosas, ordenar las circunstancias de la vida y percibir el significado de la existencia finita. La experiencia sexual física y emocionalmente gratificante, que se encuentre en proporción con la realidad de la persona, ayuda al cuerpo a armonizarse y a equilibrar sus necesidades sexuales con el sentido del servicio para con los demás y consigo mismo.

La séptima casa asociada naturalmente al matrimonio y a la estabilidad de la pareja. Esta casa es el espejo del ego y por intermedio del otro-a podemos alcanzar nuestra propia visión y llenar el vació con la experiencia unificadora de las relaciones intimas.

La octava casa es la de la sexualidad, la de los deseos sexuales mas íntimos, la verdadera identidad sexual del individuo, y esta opuesta a la casa dos, la de los valores. A través de esta polaridad se nos muestra las transformaciones intensas que se sufren a través del sexo sobre los propios valores al eliminar todo lo que no es valido y poder llenar las necesidades mas profundas de cada quien.

La filosofía sexual y la conciencia están en la novena casa y por medio de la pareja sexual combinamos nuestra conciencia con la del otro-a. Representa los resultados de las necesidades sexuales y simboliza el futuro, que somos capaces de recibir de lo desconocido (casa 8). Aquí encontramos la soltería.

El sentido concreto de la vida lo buscamos en la casa diez conformando lo que tiene un propósito, desde la concepción del primer pensamiento sexual, la idealización de ese objetivo, la lucha por alcanzarlo hasta la consumación del acto.

Las relaciones intimas exigen compromiso, posesión, intensidad, presión, entrega, entre otras cosas y es a través de la casa once que logramos desapegarnos, mostrarnos impersonales o desinteresados de lo que sucede alrededor. Es una válvula de escape para acceder a la conciencia impersonal y equilibrar los distintos compromisos que se perciben en los diferentes niveles de nuestro ser.

La casa doce nos conduce a la consciencia del alma, en una relación sexual gratificante e integrada se puede acceder a lo místico, a la unidad con la creación. El alma es libre en la medida en que lo es la conciencia. Cuando el individuo se muestra honesto con respecto a su sexualidad puede elevarse por encima de las emociones del ego que la debilitan.

Artículos publicados en la página http://www.encuentrosastrologicos.com y http://www.etheron.com

 

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