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El fuego del hogar
Gema Matías de Torbay
Diciembre 2005

"Hay un camino arduo y empinado, lleno de peligros de todo tipo, pero es, sin embargo, un camino que conduce al corazón mismo del universo: yo os puedo decir cómo encontrar a quienes os mostrarán la puerta secreta que se abre sólo hacia dentro, y se cierra rápidamente detrás del neófito para siempre jamás.
No existe peligro alguno que un indomable valor no pueda vencer.
No existe prueba alguna que la inmaculada pureza no pueda atravesar.
No existe dificultad alguna que un fuerte intelecto no pueda superar.
Para quienes consiguen avanzar, existe una recompensa más allá de lo indecible, el poder de bendecir y salvar a la humanidad; para quienes fracasan, hay otras vidas en las que pueden conseguir la victoria".

Lucifer, por Annie Besant

Durante este mes se realizan varios festejos y celebraciones importantes por su conexión con lo sagrado.

El 5 de diciembre es el día dedicado a Hestia (Vesta), palabra derivada del griego que significa hogar. Es la hija mayor de Cronos y Rea, la primera en nacer y la última en ser expelida por Saturno, lo que la convierte en una diosa solitaria, serena, introvertida, anónima, con la conciencia focalizada hacia adentro, que no vive del tiempo sino con el tiempo, que disfruta del silencio y de su mundo espiritual, es virginal, tiene dentro de sí lo masculino, ya que ha integrado su propio animus.

Es la Diosa del hogar, la virtud, la pureza y el fuego; se la personifica como una mujer joven cubierta con un velo, de figura simple, austera e inmutable.

Hestia está representada por la antorcha perenne de las colectividades, alrededor de la cuál se organizan las comunidades y se establecen las moradas. Ella agrupa y vincula a la familia, produce la armonía en la vivienda y siempre tiene tiempo para ello, dado que es doméstica.

En las comunidades griegas era muy importante preservar el fuego, pues era un calor central para reunir y dar confort; se conservaba en el pritaneo, desde donde era llevado a las nuevas sociedades.

El poder purificador del fuego en el hogar sirvió para simbolizar el concepto de morada estable, creando un sentimiento de seguridad y fortaleciendo la unidad familiar a través de la celebración de las fiestas, los ritos y sacrificios dedicados a los dioses que se llevaban a cabo en su contorno. También se convergían los miembros de un clan, se acogían a los visitantes, se cocían los alimentos y se establecían las relaciones humanas.

Durante este mes recordemos el fuego que nos aglutina en nuestros hogares, desde que encendimos la vela el primer domingo de Adviento (27 de noviembre), empezando con la preparación interior, limpiando nuestros corazones para recibir a Cristo, en la segunda semana realizando la penitencia y el arrepentimiento, y a partir del tercer domingo, el servicio al prójimo y a dar lo mejor de sí mismo, la cuarta semana es tiempo de oración y reflexión hasta que celebramos la Navidad cristiana el 25.

FELIZ NAVIDAD Y UN VENTUROSO AÑO 2006


 

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